“TURIA” REDESCUBRE LA TRAGEDIA VITAL DE UN HISTÓRICO LÍDER SOCIALISTA TUROLENSE

“TURIA” REDESCUBRE LA TRAGEDIA VITAL DE UN HISTÓRICO LÍDER SOCIALISTA TUROLENSE

El escritor, y miembro de la Real Academia Española de la Lengua, José María Merino será el encargado de presentar la publicación. Como es habitual, entre la amplia variedad temática de los textos que componen el sumario, los lectores que se interesan por los asuntos y protagonistas turolenses y aragoneses no quedarán defraudados. Les aguardan dos sugestivos artículos, dedicados respectivamente a redescubrir la tragedia vital de Angel Sánchez Batea y a homenajear a Benjamín Jarnés.
El historiador Serafín Aldecoa elabora una pormenorizada y simbólica biografía: la del líder socialista turolense Angel Sánchez Batea (1891-1943). A través de más de treinta páginas, se nos narra la intensa actividad política y sindical desplegada por quien fue uno de los nombres propios más destacados del movimiento obrero y de los dirigentes socialistas de la capital de la provincia. Es una semblanza que se estructura en tres etapas: el periodo anterior a la proclamación de la Segunda República; otra relacionada como dirigente político y concejal socialista dentro del Ayuntamiento de Teruel entre 1931 y 1936 y, finalmente, su destacado papel durante la guerra civil tras la sublevación militar de Franco y su trágico final, fusilado en las tapias de la zaragozana cárcel de Torrero. Angel Sánchez Batea perteneció al grupo de labradores arrendatarios y de escasos recursos económicos, entre los que pronto alcanzó prestigio y autoridad. Formó parte de la primera organización obrera de cierta entidad que tuvo Teruel en la primera mitad del siglo XX: la Sociedad de Profesiones y Oficios Varios, fundada en 1919 y que se terminaría adhiriendo al
sindicato socialista UGT. Sánchez Batea, además de histórico líder ugetista turolense, presidió durante los años treinta del siglo XX la Sociedad de Labradores «El Progreso». Todo ello en el marco de una ciudad de Teruel que, por aquel entonces, presentaba todavía una fuerte impronta rural en barrios como el Arrabal y San Julián. Sánchez Batea encabezó durante años las demandas de más tierras para trabajar y así dignificar el nivel de vida de los labradores turolenses. Y lo hizo tanto desde la citada sociedad «El Progreso» como desde sus cargos políticos. Unas actividades que fueron mal vistas por ciertos sectores conservadores de la capital de la provincia y que se tradujeron en críticas en la prensa y hasta agresiones físicas. Sánchez Batea tuvo también una intensa participación en la Conjunción republicano-Socialista, resultando elegido concejal del Ayuntamiento de Teruel en abril de 1931 y formó parte del comité que proclamó la II República en la ciudad.
Más tarde, en 1933, las crisis municipales entre republicanos y socialistas llevarían a Sánchez Batea a ocupar provisionalmente la alcaldía de Teruel durante el mes de octubre. Su actuación en el Ayuntamiento siempre estuvo marcada por la defensa de las tesis de los labradores de «El Progreso», como la roturación y el reparto de las tierras comunales a favor de los agricultores más desfavorecidos. También destacó en sus denuncias por la malas condiciones en las que se desenvolvía la enseñanza primaria en Teruel o la defensa de las zonas más deprimidas y abandonadas de la ciudad, como el barrio del Arrabal.
Destituido en octubre de 1934 como concejal, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936 recupera su protagonismo institucional en el Ayuntamiento y es nombrado también vicepresidente de la Diputación Provincial. La sublevación militar que condujo a la guerra civil lo encuentra cosechando. Tras regresar, logra huir de la represión desatada en los primeros momentos en la ciudad. No ocurrió lo mismo con su familia. Su mujer fue detenida y fusilada, al igual que su hija. Dos hermanos suyos también sufrieron represalias. Sólo sus dos hijos menores, Volney y Jaurés, se salvaron de la muerte. Puede decirse, en ese sentido, que Angel Sánchez Batea fue el dirigente socialista y ugetista de la provincia que más sufrió la represión.
Durante los años que duró la guerra, Sánchez Batea desarrolló una intensa labor organizativa en la zona republicana. Lo encontraremos, primero, ocupando diversas responsabilidades políticas y sindicales en La Puebla de Valverde y, más tarde, en Alcañiz. Luego participaría en la ofensiva de lI República sobre Teruel y, tras la ocupación de las tropas republicanas, volvió a ser Alcalde de la ciudad durante un mes. Son momentos en los que, ante la desolación, la destrucción y el frío, intenta Angel Sánchez Batea almacenar y recuperar los objetos de algún valor del montón de escombros que era la capital de la provincia. También fue el responsable de la evacuación masiva de turolenses a Valencia ante el inminente ataque del ejército
franquista. Tras la toma de Teruel, el 23 de febrero de 1938, Sánchez Batea permanecerá en Valencia junto a algunos otros destacados socialistas. Fracasó en su intento de salir hacia el exilio desde el puerto de Alicante. Fue detenido y trasladado a la cárcel de Valencia hasta 1941. Luego pasó temporadas entre las cárceles de Teruel, Valencia y Zaragoza, sufriendo interrogatorios y torturas. Finalmente procesado en Consejo de Guerra, fue condenado a muerte y fusilado en mayo de 1943. Poco antes de morir, él y otros tres socialistas turolenses, le pidieron a Pascual Noguera que, si tenía más suerte que ellos, «su memoria no cayese en el olvido». Ese compromiso, que asumió entonces uno de los fundadores del PSOE de la provincia, es también el que ha motivado la investigación del historiador Serafín Aldecoa y ha dado origen al artículo divulgativo que publica ahora la revista TURIA. Sin duda, la biografía de Angel Sánchez Batea resume y testimonia el convulso siglo XX español.
HOMENAJE MEXICANO A BENJAMIN JARNES
Otro de los singulares artículos que publica TURIA es de gran valor testimonial y documental:2 se trata de un texto de la escritora Paulita Brook correspondiente al homenaje que, en marzo de 1943 y en el Palacio de las Bellas Artes de México, se rindió al gran escritor aragonés Benjamín Jarnés (Codo, Zaragoza, 1888 – Madrid, 1949), considerado el gran prosista de la generación del 27 y que alcanzaría gran renombre como narrador, crítico y ensayista en las décadas de los años 20 y 30 del pasado siglo XX.
Tal y como nos cuenta en su nota introductoria Juan Herrero Senés, profesor en la norteamericana Universidad de Colorado, este texto de Brook está repleto de cálidas, certeras y entusiastas palabras que cumplen un propósito bien definido: brindar un público reconocimiento al escritor exiliado que, por aquel entonces, cumplía veinticinco años de carrera literaria.
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