JUAN CARLOS ONETTI ES EL GRAN PROTAGONISTA DELNUEVO NÚMERO DE “TURIA”

JUAN CARLOS ONETTI ES EL GRAN PROTAGONISTA DELNUEVO NÚMERO DE “TURIA”

Juan Carlos Onetti, de quien en este año 2009 conmemoramos el centenario de su nacimiento, es el gran protagonista del nuevo número de la Revista Cultural TURIA. Una entrega de más de 500 páginas que se distribuye este mes de junio y que cuenta, como contenido más destacado y novedoso, la publicación de un relato inédito del escritor uruguayo y Premio Cervantes titulado “El último viernes”.
El citado texto inédito, que no ha sido incluido en sus obras completas, tiene una indudable importancia para los fieles lectores del autor de La vida breve y para los investigadores de su obra. Escrito a lápiz en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando vivía en el popular barrio de San Telmo de Buenos Aires, el manuscrito data probablemente de principios de los años cincuenta y estuvo extraviado durante muchos años hasta que ha sido recientemente recuperado por su hija.
En “El último viernes”, Onetti nos narra la historia del periodista Carner y de sus rutinarias visitas al policía Miller que tendrán, esta vez, una evolución inesperada. Ya desde el primer párrafo del relato, Onetti consigue cautivar al lector e introducirle en su universo narrativo: “En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando rígidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza”.
Según el escritor hispano-uruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el monográfico Onetti de la revista TURIA, “‘El último viernes’ demuestra que para Onetti la literatura era “mentir bien la verdad”. De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza. Las preguntas y anotaciones del manuscrito son ilustrativas de un pensamiento creativo marcado por el desarraigo y el pesimismo sobre la condición humana.
REDESCUBRIR A ONETTI
El nuevo número de TURIA pretende rendir un homenaje a un autor de indiscutible valía literaria, Juan Carlos Onetti, y reivindicar la vigencia y el interés de este creador universal. Porque Onetti (Montevideo, 1909 – Madrid, 1994), es uno de los autores fundamentales y más singulares de nuestro patrimonio cultural y sus libros, que han ejercido una notable influencia en sucesivas generaciones de escritores latinoamericanos, deben continuar siendo leídos y permaneciendo vivos más allá de las fronteras del tiempo y de las modas. En torno a Juan Carlos Onetti y su obra escriben en TURIA un cualificado grupo de creadores y especialistas en lo que pretende ser un completo trabajo de análisis y revalorización de su trabajo. Se trata de un conjunto de artículos que ayudan a comprender y situar la obra de Onetti en el lugar que merece en este año en el que celebramos diversos eventos vinculados con su legado creativo.
Como señala Fernando Aínsa, Onetti siempre fue un escritor orgullosamente solitario e independiente pero al mismo tiempo dotado de una modestia que le llevó a no intentar que sus ideas se impusieran a nadie. Onetti es, como muchos de los protagonistas de sus novelas, un antihéroe que encontró refugio y salvación en la literatura. Un maestro de escritores que supo esgrimir el mejor catálogo de técnicas de la narrativa contemporánea que sus insaciables y numerosas lecturas nutrían. En Onetti encontraremos, según Aínsa, “la ambigüedad de Herman Melville, los puntos de vista de Henry James, el monólogo interior de James Joyce, los personajes colectivos de Sherwood Anderson, la redonda perfección del relato de Stephen Crane, la realidad vista a través de una mirilla de “L’enfer” de Henri Barbusse”, el estilo jadeante de “Le voyage au bout de la nuit” de Céline, la absoluta indiferencia y el hondo desencanto de “L’Etranger” de Camus o la atmósfera trágica del condado de Yoknapatawa en William Faulkner que Onetti transforma en el sombrío patetismo del reino de Santa María”.
A este artículo introductorio de Fernando Aínsa le suceden textos de María Angélica Petit (“Mirada sobre el abismo. Algunas claves de la poética onettiana”), Víctor Bravo (“Del desencanto y la pureza. La narrativa de Juan Carlos Onetti”), Néstor Ponce (“Trazado urbano y trazado textual: la ciudad en Juan Carlos Onetti”), Antonella Cancellier (“La nariz está más cerca del alma que los ojos: Onetti y el expresionismo”), Ana Gallego (“Confesiones literarias de un escritor centenario”), Fernando Curiel (“Invención, destrucción y sobrevivencia de Santa María”), Hugo J. Verani (“Onetti antes de Onetti”), Pablo Silva (“Onetti periodista: años de nervios y entusiasmo”), Paco Tovar (“La sombra del paraíso. La escritura como protección contra el olvido”), Eduardo Becerra (“El arte de escribir cuentos”) y Milton Fornaro (“Una aventura juvenil de Juan Carlos Onetti”) estudian y comentan diversos y significativos aspectos de la producción onettiana.
Una mirada plural que se enriquece también con los testimonios de un amplio número de relevantes escritores y de expertos conocedores de su obra: Hugo Burel (“Onetti es un autor arduo y que exige lectores atentos, por lo cual ha sido más admirado que leído, condición que comparte con Borges, por ejemplo”), Hortensia Campanella (“Onetti dijo en muchas ocasiones que para él la escritura era su vida, tan hondamente sintió la necesidad de narrar, tan sinceramente creía que el escritor, si lo es de verdad, ha nacido para escribir. Por ello, el escritor uruguayo pudo declarar, siguiendo a Nietzsche, que su obra era ‘una larga confesión’, sin que fuera una referencia biográfica”), Ignacio Echevarría (“La imagen de sí mismo que ha legado Onetti a la posteridad es la de un escritor tumbado: un hombre impertérrito, taciturno, descreído, envuelto en un sudario de sábanas revueltas, en una neblina de humo de tabaco y de frases suspendidas por la que se deja entrever una leyenda de pájaro nocharniego, propenso a las mujeres, al whisky, a la amistad, a los silencios”), Javier Goñi (“Onetti era cuando lo entrevisté como una inmensa ballena blanca varada en una cama, de ésas de hospital que permiten sobrevivir con el tronco erguido. A su alrededor yacían no los restos del naufragio, no los fardos que arroja a la orilla del mar, sino sus utensilios, los que le escoltaban”), Félix Grande (“Onetti es uno de los más grandes novelistas de la historia de América Latina y su exilio contribuyó a paliar la larga injusticia. (…) Miraba la realidad con la inocencia implacable de la sinceridad y el coraje de un adulto que se sabe finito”), Fernando Iwasaki (su artículo “Onetti, Vargas Llosa y la teta fantasma” narra los muchos años de devoción literaria de Vargas Llosa hacia la obra de Onetti), Pablo Pérez Rubio (“No ha sido muy fructífera la relación entre la obra literaria de Juan Carlos Onetti y el mundo audiovisual”), Cristina Peri Rossi (en su texto, titulado “Ultima cita”, da noticia de los detalles de la conversación que mantuvo con Onetti en junio de 1986).
Angel Rodríguez Abad destaca que con su novela “Los adioses” Onetti consiguió ofrecernos una lectura adictiva, imborrable: “una novela corta a la que ahora como lector enfebrecido y veterano valoro como la nouvelle más perfecta que conozca en español”. El ex-presidente de Uruguay Julio María Sanguinetti, buen amigo de Onetti, traza en su texto titulado “Humo, cigarro y vino” un entrañable y revelador retrato: “era un hombre de ciudad, de la calle mojada por la llovizna, del taller abandonado, del muro desgastado por el tiempo, de los personajes urbanos en que conviven la imagen fugaz de la riqueza con la bajeza infinita del abandono”.
Tras ese testimonio, TURIA publica el cuento de Oscar Sipán “La jaula de Faraday” en homenaje a Onetti y en recuerdo al también escritor uruguayo Nelson Marra. El colofón del monográfico de TURIA lo encontraremos en una pormenorizada y utilísima cronología de lo que ha sido la trayectoria vital y creativa de Juan Carlos Onetti, elaborada por Omar Prego, Fernando Aínsa y Fernando del Val.
INEDITOS DE BORIS VIAN Y MAHMUD DARWIX
Además de esa atención especial a Juan Carlos Onetti, la poesía tiene también una notable relevancia en el nuevo número de TURIA a través de la publicación de textos inéditos de dos singulares nombres propios: Boris Vian y Mahmud Darwix. Juan Antonio Tello estudia y traduce, por primera vez al español, la primera poesía de Vian. TURIA da a conocer una selección de diez sonetos muy representativos, en los que “encontramos la mayor parte de los temas que preocupan o interesan al Boris Vian poeta a lo largo de su vida”. Respecto al palestino Mahmud Darwix (1941-2008), considerado como el poeta árabe más determinante del siglo XX, se ofrece al lector una sobresaliente primicia gracias a la cuidada versi versión de Luz Gómez García: una antología de poemas en prosa que formaron parte de su última obra creativa, “La huella de la mariposa”.
El sumario de TURIA se abre, en esta ocasión, con una dedicatoria a la escritora Ana María Navales, fallecida el pasado mes de marzo y que fue codirectora de la revista. Por otra parte, las páginas de esta publicación cuatrimestral contienen las secciones habituales dedicadas a la creación literaria, ensayo, entrevistas, crítica de libros o los apartados destinados a temas aragoneses. Así, en esta entrega se publican narraciones inéditas y secuencias de futuras novelas de César Antonio Molina, Miguel Sánchez Ostiz, Julián Rodríguez, Ismael Grasa, Elvira Navarro y Francisco López Serrano.
Eugenio Montejo, José Emilio Pacheco y Gustav Regler son igualmente algunos de los protagonistas de este sumario. Sobre la poesía del venezolano Montejo (1938-2008), Darío Jaramillo Agudelo traza un completo, certero y pormenorizado análisis en el que se nos asegura que “es primordialmente un poeta del oído, un hombre que percibe el mundo como canto, como música”. En otro trabajo, Teodosio Fernández estudia la poesía y las ficciones de José Emilio Pacheco, que este mes de junio cumplirá 70 años y es una de las figuras centrales de la literatura escrita en México que goza de prestigio internacional. Buena prueba de ello es el reciente Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana que se le ha concedido por el conjunto de su obra.
Frente a la contrastada valía de Montejo y Pacheco, TURIA brinda una grata sorpresa al lector: la posibilidad de conocer a un autor injustamente olvidado, el alemán Gustav Regler, que pasa por ser el escritor de una de las grandes novelas sobre la guerra civil española, La gran cruzada. Una obra, por otro lado, nunca no traducida a nuestro idioma y que se publicó en inglés en 1940 con prólogo de Hemingway y que, hasta 1976, no se editaría en Alemania. Sobre Regler y su espléndida novela realiza un modélico trabajo Carlos Fortea (“En tierra de nadie. La soledad de Gustav Regler”), quien califica el trabajo literario de este brigadista internacional como comparable a títulos como “La esperanza” de Malraux, “Por quién doblan las campanas”, de Hemingway o el ciclo de los “Campos” de Max Aub. También TURIA publica poemas de, entre otros, Ana Rossetti, Manuel Rico, José Angel Cilleruelo, Eduardo Moga, Rafael Morales, Ana Vidal Egea, Dolan Mor, Javier Barreiro, Teresa Agustín, Julio José Ordovás, Juan Marqués y Fernando Sarría. Un sugerente ensayo sobre Simone Weil (“La virgen roja”), a cargo de Germán Cano, ocupa la sección denominada “Pensamiento” de TURIA. Se trata de un texto de gran calado sobre la fascinante y controvertida trayectoria de Weil, cuyo centenario se conmemora por estas fechas (1909-1943) y cuya influencia se percibe en pensadores de nuestros días como Agamben, Esposito, Cacciari y otros: “No en vano el peculiar cristianismo existencial y profundamente heterodoxo de Weil ha sido reconocido como una de las experiencias intelectuales más singulares del siglo XX. Para Susan Sontag su vida, un símbolo extremo de coherencia, representa el precio que tuvo que pagar el intelectual del siglo pasado por reconciliar vida y doctrina”.
ENTREVISTAS A JOSE ANTONIO LABORDETA Y JORGE HERRALDE
En el sumario sobresalen dos amplias y muy reveladoras conversaciones en exclusiva con José Antonio Labordeta, veterano y popular cantautor, profesor, escritor y político aragonés, y con Jorge Herralde, cuya editorial Anagrama cumple en 2009 cuarenta años de prestigiosa trayectoria.
Juan Carlos Soriano titula muy certeramente su diálogo con Labordeta “palabras para vivir” y con ellas como herramienta va dando cuenta al lector de las diversas vicisitudes, peripecias y episodios que han jalonado la intensa vida del entrevistado. A la pregunta sobre las comparaciones con su admirado hermano Miguel (1921-1969), José Antonio Labordeta responde “hay una diferencia enorme entre los dos: Miguel es poeta y yo versificador. Lo he asumido siempre. Mi hermano es capaz de crear un mundo poético y yo no. (…) De todas formas, lo que más le debo a Miguel en el terreno literario es que permitiera leer su gran biblioteca”. Tras dos años impartiendo clases de español en Francia, el contraste fue tremendo: su primera experiencia como catedrático de instituto fue en 1964 en Teruel, una ciudad donde “se podía analizar la sociedad española como en un microscopio”. Y en aquel lugar de un conservadurismo a ultranza Labordeta desarrolló sus inquietudes junto a profesores como Eloy Fernández Clemente, José Sanchís Sinisterra y Eduardo Valdivia y alumnos que ya apuntaban maneras como Manuel Pizarro, Federico Jiménez Losantos, Carmen Magallón, Joaquín Carbonell y Gonzalo Tena (“sigo teniendo relación con la mayoría de ellos”). En 1968 grabó su primer disco, que sólo tenía cuatro canciones. Luego vendrían una docena de discos más y, ya en 1986, pidió la excendencia para dedicarse de lleno a la canción “y, desde entonces, no he parado de actuar con la guitarra”. Sobre el fenómeno ocurrido en torno a la revista “Andalán”, de la que fue fundador y que despertó tantas conciencias en el Aragón del tardofranquismo y la transición, Labordeta asegura que “entonces todos teníamos muy claro contra qué había que luchar y no había diferencias partidistas. Fue una aventura estupenda. Con el tiempo te das cuenta de que, si quieres conocer la historia real de Aragón en aquellos años, tienes que ir a “Andalán””. Repasa su itinerario político, del PSA a la CHA y sus dos legislaturas con escaño en el Congreso de los Diputados (“para seguir allí hace falta, yo no diría ambición de poder, pero sí mas conchas que un galápago”). Se declara “muy internacionalista”, rechaza las obsesiones demasiado localistas y reclama más amplitud de miras. Y, puestos a definirse, Labordeta se reconoce en quien lo retrata como muy aragonés: adusto, melancólico y nada dado a las sensiblerías: “también soy un poco somardón. Así doy el perfil perfecto”. La otra gran entrevista de TURIA está dedicada a Jorge Herralde quien, tras cuarenta años de trayectoria profesional, ha conseguido situar a Anagrama como uno de los sellos editoriales de referencia en territorios como la narrativa y el ensayo. Bajo el título de “la independencia invicta”, Herralde mantiene una larga y sustanciosa conversación con Francisco Luis del Pino que es todo un autorretrato de su pasional y dilatada labor en el mundo del libro. Grandes y pequeñas historias, autores y eventos en torno a Anagrama son descritos aquí por la voz autorizada de su incansable promotor. La conversación constituye un brillante resumen de cuatro décadas de tarea, de grandes autores descubiertos al lector español y más de 3.000 obras publicadas en una aventura editorial irrepetible y fruto de una entrega casi total (“mi vida ha estado siempre voluntariamente colonizada por Anagrama”) . Se habla, por tanto, de los orígenes, de la efervescencia barcelonesa de los años 60, de la evolución de las distintas colecciones y de los gustos de los lectores. Y, sobre todo, Herralde glosa a sus autores y comenta episodios de su relación con ellos. El diálogo, por tanto, se enriquece con los testimonios de Herralde sobre Bukowski y Bolaño, sobre Patricia Higshmith y Paul Auster, con Jean Echenoz y Claudio Magris, y un largo etcétera. Preguntado, por último, sobre el futuro del libro, el editor independiente no tiene dudas: “el formato de papel coexistirá con el soporte digital. Yo creo en el libro de papel”.
Gonzalo Sicre, uno de los representantes más genuinos de la figuración en la pintura española de nuestros días, es el ilustrador de este número 89-90 de TURIA. Por otra parte, la revista contiene también la sección habitual de “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer.
RAMON GIL NOVALES E ISIDORO DE ANTILLON
En los apartados que TURIA dedica a los temas y autores aragoneses, citaremos dos artículos dedicados a reivindicar el interés y la valía de la obra de un escritor de múltiples registros como Ramón Gil Novales y a descubrir al lector de hoy la figura de uno de los indiscutibles protagonistas de la historia del liberalismo español, y muy destacado pionero también como geógrafo, el turolense Isidoro de Antillón.
En su artículo “Ramón Gil Novales: veneración por la letra impresa”, José Domingo Dueñas traza un exhaustivo y riguroso balance de la intensa y diversa actividad creativa del escritor oscense Gil Novales (Huesca, 1928). Premio de las Letras Aragonesas de 2008, Gil Novales vive desde hace décadas en Barcelona y allí ha desarrollado una significativa trayectoria como novelista, como autor de varios volúmenes de relatos y también como dramaturgo, quizá el género que más le fascina y que le proporcionó mayor proyección. No obstante, su dedicación profesional como traductor ha sido una constante. En su haber figuran, nada menos, que versiones al castellano de títulos de Virginia Woolf, Edgar Morin, Hannah Arendt, Peter Brook o Roger Callois.
El historiador José Luis Castán se ocupa, en su artículo “Isidoro de Antillón, un intelectual y político turolense al servicio de la causa liberal”, de brindarnos un retrato ajustado acerca de las peripecias vitales e intelectuales de Antillón (Santa Eulalia del Campo, 1778-1814). Un personaje que merecería en nuestros días un permanente ejercicio de reivindicación y divulgación de su obra, dada la trascendencia de su papel como geógrafo en España y sobre todo como adalid de la causa liberal, una ideología cuya defensa le costó la vida y que incluso después de muerto motivó que padeciera las iras de sus adversarios.
Finalmente, una extensa sección de crítica de libros denominada “La Torre de Babel” se ocupa de la actualidad editorial y cierra el sumario. TURIA es una publicación cuatrimestral, editada por el IET de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número ha contado también con el patrocinio de la Fundación Endesa
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