GRAN ÉXITO DE VISITANTES EN LA EXPOSICIÓN DEL MUSEO DE TERUELSOBRE “LA EDAD DE ORO DE LA ALTA COSTURA”

GRAN ÉXITO DE VISITANTES EN LA EXPOSICIÓN DEL MUSEO DE TERUELSOBRE “LA EDAD DE ORO DE LA ALTA COSTURA”

El Museo de Teruel ha realizado un balance muy positivo de la exposición «La edad de oro de la alta costura», que se clausuró ayer domingo día 9 de mayo tras casi dos meses de exhibición en sus salas. Un total de 10.301 personas han visitado desde su apertura, el pasado 11 de marzo, una interesante y atractiva muestra que ha brindado al espectador la posibilidad de contemplar una panorámica del rico y variado trabajo creativo llevado a cabo por los principales modistos españoles, entre 1920 y 1980. Se da la positiva circunstancia de que, de la cifra global de visitantes, 1.600 han recorrido la citada exposición temporal en horario vespertino. Ese dato ratifica, además, la especial incidencia de «La edad de oro de la alta costura» entre los turolenses. La jornada de mayor registro de público fue el 2 de abril con alrededor de 900 personas, siendo el promedio de 200/300 visitantes diarios. También durante los días de Semana Santa y la festividad de San José, el Museo de Teruel obtuvo unas buenas cifras de personas que acudieron a recorrer sus salas. También es significativo y debe subrayarse que, dadas las características temáticas de la exposición, se ha conseguido que nuevos sectores de la población se interesaran y descubrieran los atractivos que brinda el Museo de Teruel.
Por otra parte, el centro museístico turolense informa que esta muestra sobre «La edad de oro de la alta costura» figura ya entre las de mayor aceptación popular de su historia. Se suma así a un listado que encabeza la que se realizó, en 2006, sobre «Atapuerca y la evolución humana» y que integran también las exposiciones: «Operis terre turolii. La cerámica bajomedieval en Teruel», de 2002 y «Fragmentos de historia. Cien años de arquelogía en Teruel», celebrada en 2007.
UNA SINGULAR PANORAMICA DE LA MODA ESPA?’OLA
Alrededor de 150 piezas, vestidos, sombreros, zapatos, bordados y bocetos de indumentaria femenina del siglo XX integran una exposición que permite revisar lo realizado por los grandes nombres de la moda española, especialmente la que se creó desde Barcelona. Entre ellos, el turolense Manuel Pertegaz ha tenido una presencia destacada y, junto a él, pudo contemplarse una amplia selección de ropa y objetos realizados por Balenciaga, Pedro Rodríguez, Elio Berhanyer, Carmen Mir, Asunción Bastida, Rosser o Flora Villareal (prestigiosa modista de Madrid que vistió a la Duquesa de Alba), y la también turolense, Margarita Nuez (modista habitual desde hace años de S. M. la Reina Doña Sofía), entre otros. La llegada del «prêt-à-porter» acabaría suplantando la costosa y elitista costura de los grandes maestros y también el variado y
amplio mundo de las modistas. Las piezas que conforman «La edad de oro de la alta costura» proceden de la Colección textil Antoni de Montpalau y la mayoría de ellas se muestran por primera vez, al margen del momento en que fueron lucidas por sus iniciales propietarias. La colección fue creada por Josep Casamartina y Anna Maria Casanovas el año 2004 en Sabadell, ciudad de larga tradición industrial, con el objetivo de recopilar y dar a conocer el complejo mundo del textil. En la actualidad esta colección particular ronda las 1.700 piezas, fechadas del siglo XVI hasta la nuestros días.
Tras su exhibición en Teruel, procedente de Oviedo, la muestra continúa su itinerancia en Madrid, donde está previsto que en julio pueda contemplarse en el Museo del Traje y, ya en este próximo otoño, llegará a Barcelona.
MODISTOS CON PERSONALIDAD PROPIA
Según el comisario de la exposición, Josep Casamartina, director también de la Colección textil Antoni de Montpalau: «la alta costura de nuestro país, los principales modistos y modistas que inventaban modelos exclusivos, vivieron sus momentos de esplendor durante el período que abarca las décadas de 1920 a 1980. Esta eclosión fue paralela a lo que sucedía a escala internacional. La moda en mayúsculas tuvo siempre (y sigue teniendo) su centro en París, desde donde ha irradiado sus tendencias al resto del mundo occidental. España, no obstante, con algunos nombres totalmente integrados en la capital francesa, aportaría durante todos estos años su grano de arena a partir de una serie de creadores que marcarían época. De todos, el más importante fue Cristóbal Balenciaga, que triunfaría en París y en el mundo y acabaría siendo el principal couturier de todo el siglo XX; le seguirían Pedro Rodríguez y Manuel Pertegaz, ambos con una prolífica y dilatada producción, aún activa en el caso de este último».
Además de trajes de noche y de fiesta, de novia, sastres y abrigos, la exposición «La edad de oro de la alta costura» incluye una selección de sombreros, algunos también creados por Balenciaga, Pertegaz y Rodríguez y otros de importantes firmas como Elena Katona, Pilar Gabasa, Martí Martí y Rius de Forns; y zapatos de Pertegaz, Rodríguez, Loewe, Alvarez, Durany y Bravo Java. Asimismo, se incluye una selección de bocetos de Pedro Rodríguez de los años 1925 a 1960, y un conjunto de muestras de bordados de la casa Luguel, que bordó el vestido de novia diseñado por Pertegaz para Letizia Ortiz. Como subraya Casamartina, «Barcelona, con su proximidad y su contacto continuado con París, se convirtió indiscutiblemente en capital del textil, la moda y confección españoles durante muchos años. La famosa Jeanne Lanvin aprendió costura en la Ciudad Condal y en 1920 abrió una sucursal que mantuvo abierta hasta el inicio de los años 30. Fue también en la capital catalana donde se iniciaron los primeros desfiles en la década de 1920 y donde se fundó, en 1940, la Cooperativa de Alta Costura Española que aglutinó a los más relevantes modistos y establecimientos del país, a excepción de Balenciaga, que nunca quiso entrar en ella, ni tuvo necesidad, dado que en sus establecimientos de España y Francia ya tenía una exquisita clientela internacional. La mayoría de las grandes casas nacidas en Barcelona (Rodríguez, Pertegaz, Bastida, Mir y Rovira) acabaron por abrir también sede en Madrid. Entre todos contribuyeron a propiciar una industria importante de tejidos, confección artesana, bordados, pasamanería, sombreros y complementos. Y también, por encima de todo, una estética particular con denominación de origen, relacionada con París pero con personalidad propia que obtuvo un reconocimiento tanto en el mismo país como en el extranjero.
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